El silencio y la duda;
Una frente que va cada vez mas gacha;
Unas manos sin ocupación
Y muchas hojas en blanco.
La noche inundaba los pensamientos;
La lluvia lavaba un poco la soledad;
La inexorable presencia de quien no está,
lastimaba cada célula de mi piel.
Las derrotas eran cotidianas,
Nada que festejar.
Ella llenó de esperazas mi corazón,
Pero nada podía quitar el dolor,
de unos zapatos en un andén que no era el mío.
El silencio y la duda…
¡Cuánto, cuánto silencio!
¡Dudas, cuántas dudas!
Nada puede quitarlo…
El dolor de querer ser el mar, de un río que no iba hacia mi.
Ignacio E. Vallejo
martes, 17 de noviembre de 2009
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